IA en el aula: iluminar desafíos históricos
La inteligencia artificial nos ubica a los docentes
de cara frente a una nueva realidad: la posibilidad de resolver problemas con
solo proveerle a una aplicación o programa la consigna adecuada. Así, a la hora
de planificar hay infinitas opciones que nos permitirían
"simplificar" nuestra tarea.
Los estudiantes a quienes acompañamos en su
formación son parte de las generaciones llamadas nativos digitales,
no por nacer con cierta intuición o velocidad para reconocer el lenguaje de las
nuevas tecnologías, sino por desconocer un mundo sin ellas. Nuestra generación
de educadores, sin embargo, tuvo afortunadamente la experiencia de formarse
imaginando y creando sin procesos automatizados. Reconocemos el esfuerzo que
esto supone y más aún, los caminos novedosos que se pueden encontrar al
emprender una búsqueda. Ahí, en ese recorrido, se encuentran nuevos estímulos,
otras posibilidades, una gran cantidad de motivos de inspiración imperceptibles
a los ojos del estudiante del siglo XXI con Chat GPT. Y ese es el gran
inconveniente: ignorar que el descubrimiento como antesala del aprendizaje
significativo no está en el hallazgo en sí sino en su búsqueda.
La IA, vemos, ya es parte de la vida cotidiana. No
hay posibilidad de acción fuera de ella. Es urgente y necesario ponernos al
corriente de las opciones que ofrece y formar a nuestros estudiantes desde una
posición permeable a los caminos que nos abre. La pregunta es quizás cómo
orientarlos en el uso responsable y crítico de estas herramientas aparentemente
facilitadoras de ciertos aprendizajes y al mismo tiempo, cómo conservar
prácticas que sean para nuestros estudiantes encuentros con el saber novedosos
y genuinamente propios, motivos de inspiración fuera de un algoritmo
prediseñado.
Claro está que en materia pedagógica no se
cuestiona nuestro lugar como docentes: lo esencialmente humano es
irremplazable. No hay proceso de enseñanza-aprendizaje si no existe un vínculo
amoroso con lo que enseña y lo que se aprende. Ser expertos en crear consignas
para recibir como resultado un despliegue creativo inédito e inmediato es con
la IA un hecho, existe y es maravilloso. Invitar a los estudiantes a estar
involucrados afectivamente en ese proceso sigue siendo un desafío. Nos queda a
los docentes seguir haciéndonos preguntas, cuestionar los medios sin perder el
mensaje, revisar nuestra práctica a la luz de los tiempos que corren con una
mirada que los trascienda.
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