Notas de cata | @bohemianwine
Pretender nombrar la realidad con exactitud es muchas veces tarea imposible. Las experiencias están lejos de poder ser descritas en su totalidad con la palabra, siempre quedará un resto difícil de ajustar a las normas del decir. Hablar de vino es uno de esos tantos que parecen imposibles, tan complejo y dificultoso como desafiante y maravilloso.
Frutas blancas, frutas rojas, cítricos, pirazinas y el famoso pipi-de-chat. Herbáceo, empireumático, amaderado, balsámico, especiado, tánico. Elegante, delicado, redondo, persistente. Complejo, evolucionado, aterciopelado. Cuando se trata de degustar, describir una experiencia es permitirse percibir, sentir, evocar. El paso a paso de un blanco o un tinto nos lleva de ojos, nariz y boca a nuestro mundo interno donde las intuiciones dictan la verdad sin equivocarse dejando a un costado la brecha que existe entre experiencia y lenguaje.
La experiencia de degustar es entrar al maravilloso mundo de las sutilezas, donde el desafío es el recuerdo y solo quizás la palabra justa. Porque ojos, nariz y boca llevan instantáneamente a paisajes, a lugares, a momentos para volver a estar con ellos.
Apreciar el brillo de un Cabernet Sauvignon, un Carmenère o un Semillón; distinguir a ciegas un Naranjo, un Viognier, un Pinot Gris; reconocer el terroir de un Malbec, es reconocerte un ser sensible, un ser presente en el aquí y ahora del sentir. Decir con palabras sencillas, porque lo prioritario es permitirse encontrar en sensación y percepción una historia, un recuerdo, un amor. Una copa de vino invita a desafiar el puente que une experiencia y lenguaje seleccionando de un abanico de opciones la palabra que mejor describa una corazonada.
Desafío 80 vinos de Bohemian Wines: Además de reconocer el descriptor de un Cabernet Franc, un Carmenère, un Pinot Noir, un Malbec de Maipú o Luján de Cuyo; 80 oportunidades de disfrutar y compartir con amigos el singular maridaje vino e intuición.
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